No olvide mencionar esto a su médico



La depresión es una de las enfermedades peor comprendidas.

Las personas depresivas son a menudo estigmatizadas. Se les llega a acusar de perezosas, débiles, aguafiestas, negativas… y se les exige que “hagan un esfuerzo” para “mantener el control”.

No es sino muy lentamente que la depresión empieza a ser reconocida como una enfermedad. Pero también podría ser el síntoma de que algo va mal en el cuerpo: falta de vitaminas, desequilibrio hormonal, infección… o cáncer.

Voy a contarle la historia de una mujer que fue diagnosticada de depresión cuando en realidad lo que tenía era cáncer. Pero antes hay que comprender por qué el hecho de estar enfermo puede dar la impresión desde fuera de estar deprimido.

La misma sensación

Si ha tenido gripe alguna vez (pero gripe de verdad, no un simple resfriado), conocerá la larga lista de problemas que ocasiona. Agotamiento, pérdida de apetito, imposibilidad de concentrarse, ganas de dormir, dolores musculares, frío y calor, malestar general… Quedarse en la cama es lo único que uno se siente capaz de hacer (que es precisamente lo que hacen las personas con depresión).

No es casualidad. En los dos casos, el sistema inmunitario desencadena una reacción inflamatoria fabricando unas proteínas denominadas citocinas.

Esta inflamación provoca dolores y agota. Consume toda la energía y empuja a encogerse, a dejar de alimentarse y, en general, a renunciar a cualquier proyecto.

Lo que nos lleva de nuevo a la historia que hoy quería contarle.

Depresión inexplicable

Este es el caso real de una mujer joven que vuelve a ver a su madre de 72 años después de las vacaciones.

Y la encuentra irreconocible.

La última vez que la había visto, su madre se mostraba entusiasta, alegre y llena de energía. No había pasado tanto tiempo, pero ahora no era más que la sombra de sí misma. De pronto estaba escuálida y parecía sombría; ella, que antes siempre estaba sonriente. En vez de hablar de sus proyectos, no hablaba más que de su agotamiento, y se pasaba la mayor parte del tiempo acostada, reacia a conversar.

Como el problema había empezado durante las vacaciones, había ido a ver a su médico, que le había diagnosticado depresión.

Le había prescrito cuatro medicamentos: uno contra la ansiedad, dos contra la depresión y uno contra el insomnio. Pero la cosa seguía sin mejorar.

Un cáncer disfrazado de depresión

Afortunadamente, su hija rechazó la hipótesis de una depresión, que se habría desencadenado sin causa aparente. Ello la llevó a consultar a otros médicos. Los análisis de sangre permitieron excluir un problema de hipotiroidismo, una falta de vitamina B12 y la enfermedad de Lyme (enfermedad causada por una espiroqueta del género borrelia infectada por la picadura de una garrapata). Un médico le prescribió un escáner cerebral, una radiografía de los pulmones, del abdomen y de la pelvis.

La radiografía de la pelvis reveló un pequeño bulto en el ovario izquierdo, y así es como se descubrió que la mujer tenía un cáncer de ovarios que se había extendido al útero y a las trompas de Falopio.

Fue operada rápidamente y su depresión, como por arte de magia, desapareció al mismo tiempo en la mesa de operaciones…

El vínculo entre cáncer y depresión

Sabemos desde 1931, gracias a los trabajos del Dr. Joseph Yaskin, que el cáncer puede provocar depresión. El Dr. Yaskin había observado a cuatro pacientes en buen estado de salud, de mediana edad, que de repente habían sido víctimas de ataques de ansiedad y depresión.

Los cuatro fueron diagnosticados de cáncer de páncreas en los meses siguientes.

Los descubrimientos recientes confirman la hipótesis original del Dr. Yaskin: la mayoría de los cánceres desencadenan la producción de citocinas inflamatorias, y éstas a su vez provocan cambios neurológicos que causan depresión en el paciente. Algunos investigadores piensan incluso que la depresión es un mecanismo de supervivencia con el que el organismo nos advierte de que algo no funciona en nuestro cuerpo.

Cuidado con los diagnósticos simplistas

Si experimenta un cambio brusco de estado de ánimo, o una depresión sin causa aparente, no se deje convencer demasiado rápido de que “es en la cabeza donde ocurre”.

Insista a su médico para encontrar una posible enfermedad que pueda explicar su estado.

Yo he vivido en mi entorno recientemente un caso similar, cuando una persona llena de vida, alegre y optimista, fue diagnosticada de depresión severa tras haber cambiado de pronto de carácter.

Había empezado a adelgazar, a quejarse, a dormir todo el día… Después de meses y meses de sufrimiento, se le diagnosticó por fin la enfermedad de Addison, o sea, una falta de producción de cortisol (atrofia de las glándulas suprarrenales).

Tan pronto como trató su enfermedad (basta con tomar un comprimido de cortisol por la mañana), ¡su depresión desapareció y volvió a sentirse como antes!

Otras enfermedades detrás de la depresión

Por último, las deficiencias nutricionales son una causa importante de depresión, ya que hacen que falte energía (por ejemplo por carencia de magnesio o de hierro), o provocan una inflamación crónica (falta de omega 3 y de antioxidantes).

Asimismo, se sabe que los dolores crónicos son causa de depresión. La artrosis de cadera era célebre antaño por llevar al suicidio a los pacientes. El herpes zóster, que provoca neuralgias insoportables, también conduce en algunos casos al suicidio, al igual que numerosas enfermedades degenerativas (ELA -esclerosis lateral amiotrófica-, esclerosis múltiple, párkinson, alzhéimer…).

También las enfermedades digestivas son un factor importante de depresión, ya que es en los intestinos donde se fabrica el 80% de nuestra serotonina (la hormona del buen humor). Los intestinos también albergan una importante red de neuronas, hasta tal punto que se habla del “segundo cerebro”. Por ello los problemas de estómago tienen a menudo consecuencias directas e importantes sobre el ánimo.

Imaginar que la persona sufre de depresión, cuando su sufrimiento tiene una causa tan clara, es aberrante y peligroso.

En efecto, si su médico le diagnostica depresión, sin duda le prescribirá medicamentos inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS). Pero asume un gran riesgo, puesto que los ISRS son el caso típico de medicamentos de los que no se conoce bien el modo de acción para curar una enfermedad que no se comprende tampoco del todo. Por lo tanto, deberían ser reservados estrictamente para los casos de depresiones que están fuera de toda duda (y aun así…).

He explicado a menudo cómo estos medicamentos alivian neutralizando ciertas partes del cerebro, lo que puede tener consecuencias desastrosas con el tiempo, especialmente aumentar el riesgo de trastorno bipolar. A largo plazo, los ISRS son menos eficaces que las terapias cognitivas y conductuales (TCC) y, de hecho, poco más eficaces que un placebo (un falso medicamento).

Busque por tanto siempre la auténtica causa de la depresión cuando ésta aparezca por sorpresa, que puede ser un déficit o una enfermedad, antes de tomar esas “píldoras mágicas” peligrosas e ineficaces.

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