El gran problema de La Legión: ¡guerra al michelín!



Si Millán-Astray, fundador de La Legión, tuviera que redactar hoy el Credo de La Legión, quizá tendría que añadir un punto más a los llamados doce “espíritus” que lo constituyen: mantenerse en forma.

Y es que los novios de la muerte tienen últimamente un problema dentro de sus filas, un enemigo feroz, muy distinto a todos a los que se han enfrentado nunca en sus misiones: el sobrepeso.

Nada hacía prever el problema el pasado verano, cuando un periodista británico difundió en Twitter fotos de legionarios en un desfile que dieron la vuelta al mundo. Con su ajustado uniforme verde desabrochado, sus cuerpos fornidos y su leyenda de hombres valientes y audaces, las fotografías no tardaron en recorrer el mundo y despertar todo tipo de comentarios por todo el planeta. “¡A mí La Legión!” “¿Pueden por favor detenerme?”, eran algunos de los más sutiles. (1)

Aplacado el fenómeno viral del irresistible legionario español, la unidad de élite perteneciente al Ejército de Tierra ha vuelto a la palestra, aunque por la razón opuesta… (2)

El nuevo trending topic relacionado con la fuerza de choque de la infantería española ha sido que buena parte de sus 3.000 efectivos sufre sobrepeso y el Ejército los ha puesto a dieta.

Ciertamente a algunos soldados el uniforme les venía quedando demasiado justo, sobre todo por la tripa, así que el Ejército ha declarado la guerra al michelín y ha puesto en marcha un durísimo plan que incluye dieta, ejercicio y apoyo psicológico para que en poco tiempo los legionarios recuperen sus alabadas hechuras de siempre.

El plan de acción, desvelado hace unos días por el diario El País, consiste en lo siguiente: (3)

Para empezar, se someterá a examen médico a todos los legionarios, a quienes se medirá el índice de masa corporal (IMC). Y todos aquellos que tengan un IMC superior a 27, se incluirán en un plan de seguimiento, y pasarán a la siguiente fase del plan.

Ésta se centra en el ejercicio físico y en una estricta dieta restrictiva. Este va a ser el menú de los próximos meses de los legionarios pasados de peso:

Desayuno: Dos veces. Al levantarse: yogur y fruta (plátano); a media mañana, infusión o café, tostada y fruta (naranja).

Comida: Ensalada, postre (fruta, yogur) y agua.

Merienda: Infusión, leche o un actimel, fruta y una barrita de pan.

Cena (no justo antes de acostarse): verdura hervida o ensalada y algo a la plancha.

Además, se les han dado algunas pautas de alimentación, como no tomar cerveza a diario, beber más agua, comer despacio (dedicándole al menos 20 minutos) o no comer mientras ven la televisión, entre otras.

El Credo Legionario asegura que jamás un legionario dirá que está cansado (“Espíritu de marcha”), no se quejará de fatiga, de hambre ni de sed (“Espíritu de sufrimiento y dureza”) y que cumplirá su deber (“Espíritu de disciplina”). Sin duda ese talante será su mejor aliado en esta guerra sin cuartel contra el sobrepeso…

Los soldados que tengan un IMC entre 27-30 (sobrepeso) serán objeto de seguimiento anual; con 30-35 (obesidad tipo I o leve) semestral; y con más de 35 (obesidad media o severa) trimestral.

Y para los que no consigan los objetivos, habrá penalizaciones: no poder asistir a desfiles, no ser condecorados, e incluso la expulsión del cuerpo si después de un año no han logrado el objetivo.

Desde luego no es una dieta muy tentadora.

El problema del IMC

La obesidad y el sobrepeso se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Una forma simple, rápida y económica de medir la obesidad es el IMC, esto es, el peso de una persona en kilogramos dividido por el cuadrado de la talla en metros. Esta sería la fórmula:

IMC = Peso (en Kg) / Talla (m2)

Aunque la catalogación en “sobrepeso” u “obesidad” y sus distintos grados que ofrece el IMC (validada por la Organización Mundial de la Salud), está ampliamente extendida y aceptada, tiene sus limitaciones.

Y es que la obesidad no se define por un exceso de peso, sino de grasa, un parámetro que el IMC no contempla de forma específica. Por tanto, unido al IMC se precisaría hacer una valoración más exhaustiva de la composición corporal de un individuo (además de su peso) para determinar cuál es su porcentaje de grasa, de masa muscular y de agua e incluso la localización de esa grasa. No es lo mismo una acumulación excesiva de grasa en zonas periféricas (muslos, piernas, brazos) que en la zona abdominal, que se asocia a mayor riesgo cardiovascular.

Un caso particular que no se ajusta a las mediciones del IMC es una masa muscular muy desarrollada (como la de algunos de los legionarios). Eso haría que un legionario con un importante desarrollo de la masa muscular presentara un peso elevado, ya que el músculo, en proporción, pesa más que la masa grasa.

Por tanto, podría darse el caso de que alguno de los fornidos legionarios de las primeras fotografías de arriba obtuviera una valoración según el IMC de “sobrepeso”, pero que éste no se debiera a la grasa, sino a los músculos.

Por eso el plan de La Legión no debería sólo limitarse a medir el IMC, sino a realizar mediciones con compás de pliegues (a través de un lipocaliper) para obtener datos más exactos sobre el exceso de grasa y su localización y en consecuencia diseñar planes de alimentación y ejercicio personalizados.

Algo que a priori tampoco parece que vaya a suceder, sino que se van a aplicar de forma general, es decir, un plan alimentario común para todos.

A examen la dieta de la La Legión… ¡pobres legionarios!

Si tuviera que definir en pocas palabras su dieta la calificaría de monótona, aburrida, poco original y nada adaptada.

Por partes.

Desayuno: monótono.

Si la fruta diaria es siempre la misma (plátano y naranja, según el plan que se filtró a la prensa) este planteamiento está condenado al abandono. Es una buena pauta nutricional incluir fruta en el desayuno, siempre que se vaya variando dentro de este grupo que aporta agua, fructosa, fibra y sobre todo vitaminas y minerales diferentes según la fruta seleccionada, por lo que la clave es la variedad dentro de cada uno de los grupos de alimentos. Las de temporada presentan mayor cantidad de nutrientes y un precio más económico.

Además, habría que priorizar que los cereales fueran siempre integrales para mejorar el contenido en fibra del plan alimentario, ayudando a regular el tránsito intestinal y el perfil de la flora intestinal.

¿Y por qué no introducir un pequeño puñado de frutos secos al natural? Tienen beneficios para prevenir enfermedades crónicas, sin comprometer el peso.

Comida: insuficiente.

Los legionarios van a pasar hambre. A pesar de ser un programa de pérdida de peso, desde el punto de vista nutricional el cuerpo precisa recibir todo tipo de nutrientes para mantener un buen estado de salud. Esto será complicado si cada día a la hora de comer sólo se ingiere ensalada. En esta importante comida, que debe representar el 35% de la ingesta energética total del día, se deben incluir legumbres al menos dos veces a la semana e incluso algunos días arroz, pasta, etc.

Si el primer plato es ensalada, debe ir acompañada de pequeñas porciones de carne magra, pescados o huevo cocinados de manera sencilla (plancha, vapor, horno…) o incluso incluirlas en la propia ensalada algunos días como plato único, ya que es imprescindible para el mantenimiento y reparación de las estructuras corporales.

Pero desde luego, sin variedad y comiendo cada día ensalada como plato principal y único, la monotonía hará que en pocas semanas se abandone el plan alimentario propuesto. ¡Hasta la cabra, mascota de La Legión, seguro que come más y mejor!

Merienda: aumentar la variedad.

Esta toma debe contemplar aquellos grupos de alimentos que se hayan aportado de manera insuficiente en las comidas anteriores. A priori, los grupos de alimentos propuestos podrían ser válidos pero se precisa mayor variedad dentro de cada grupo. Por ejemplo, no todos los días barrita de cereales, sino ir variando con otro tipo de cereales, incluso pequeños bocadillos; y dentro de lácteos apostar también por otro tipo que no sean de beber, como por ejemplo queso fresco.

Cena: complementar la comida.

Las propuestas de cenas se hacen en base a lo que se ha ingerido al mediodía para acabar de completar la jornada con aquellos alimentos y nutrientes que se han aportado de forma insuficiente. Por ejemplo, si se ha comido ensalada se debería cenar verdura cocinada y si en la comida hubo presencia de carne, lo ideal es cenar huevo o pescado.

Un plus con complementos nutricionales

Hablándolo con mi compañero Felipe M. Miller, experto en nutrición y complementos, él ve claro que en una dieta tan restrictiva, en la que se reduce el contenido calórico de las comidas y además se limitan los alimentos de mayor contenido en grasa (como los aceites vegetales, los pescados azules, las semillas oleaginosas o los frutos secos) es fácil que se produzcan carencias de micronutrientes (vitaminas, minerales, fitonutrientes), de ácidos grasos del tipo omega 3 o incluso de fibra.

Por eso, estas dietas restrictivas, en especial si se sitúan por debajo de las 1.500 Kcal/día, deben ser suplementadas con aquellos nutrientes carenciales. En definitiva, añadir al menos un suplemento multinutriente, uno de omega 3 y uno de fibra dietética puede ser una buena estrategia para suplir carencias y evitar así estados de cansancio y fatiga persistentes, alteraciones metabólicas, cambios de humor, irritabilidad o estreñimiento, todos ellos frecuentes en dietas estrictas de pérdida de peso. Desplazados en misiones de paz en zonas de conflicto en todo el mundo, sentirse bien y llenos de energía es fundamental.

Un complemento de magnesio tampoco les vendría nada mal.

Estar a dieta no es tarea fácil. Como dijo el médico y experto en nutrición John Stuart Garrow: “La mayoría de los obesos que comienzan un tratamiento dietético lo abandonan; de los que continúan, la mayoría no pierde peso; y de los que pierden peso, la mayoría vuelve a recuperarlo”.

Fuentes:

  1. Twitter Huw Lemmey @huwlemmey
  2. El Norte de Castilla. 9 de diciembre de 2015
  3. El País. 4 de enero de 2018.
  4. John Stuart Garrow, MD, PhD, FRCP(E), FRCP (London) (1929-2016)

 

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